Queridos hermanos:

Los cristianos hemos intentado siempre una solidaridad de altura y hemos de seguir. Quizá las leyes más antiguas de la solidaridad  sean las  relativas a  la hospitalidad; sin necesidad de  normativa  alguna, en  las familias y en las tribus se ha practicado siempre generosamente, por lo que en todas las civilizaciones surgieron instituciones de apoyo. Un salto cualitativo se produce con la llegada del cristianismo que formula con toda claridad el amor al prójimo como a uno mismo, superando la vieja ley judía del ojo por ojo y diente por diente. La Iglesia, entre sus rasgos fundacionales, incluye las palabras del Maestro: El Espíritu del Señor está sobre mí,  por  lo  cual me  ha  ungido  para  evangelizar  a  los  pobres,  me  ha enviado para anunciar la redención a los cautivos y devolver la vista a los ciegos, para poner en libertad a los oprimidos, para proclamar el año de gracia del Señor (Lc. 4,18-19). Desde los inicios, se concretó la solidaridad de mil formas; quizá  la  más  evidente  sea la designación de los siete diáconos (Hch.6, 5-6). Hoy, Cáritas, tiene  asumido  el  ejercicio de la caridad en la Iglesia, y el Papa Francisco nos indica con frecuencia, que es tan esencial como el anuncio de la Palabra o la administración de los sacramentos.

La solidaridad, por su arraigo en el corazón del hombre, enriquece la convivencia  y  genera  sinergias: simbiosis  de fuerzas  con efecto superior a la multiplicación de fuerzas. Es una de esas ideas troncales de las que todos  participamos, que logra aglutinar los esfuerzos y mejora los resultados. Si 3+3=6, y 3×3=9, con el operador sinergia –que podemos representar como “g” minúscula–, obtendríamos un valor muy superior a los dos resultados anteriores: 3 g 3= 33. Por si no queda claro, me explico: si tenemos dos treses, ¿por qué nos conformamos con sumarlos? No se consigue así todo el rendimiento. Tampoco multiplicándolos. El mayor rendimiento se les saca colocando el uno al lado del otro, sí, poniéndolos codo a codo, que es la única forma de conseguir 33. Siempre que una de estas ideas troncales aparece en la vida social, se produce un despegue cultural, moral, artístico… un progreso nunca antes dado. Ejemplos pueden encontrarse en la convivencia saludable entre distintas culturas, ideas, grupos y religiones.

Si acertamos a impulsar la práctica de la caridad efectiva, que comienza por caminar codo a codo, podríamos dar un gran salto. Todos nos consideramos altamente solidarios y son muchos los que nos urgen hoy a que apliquemos, de modo concreto, estos deseos, y este sentimiento se da con carácter universal: norte-sur, este-oeste, izquierda-derecha, jóvenes y mayores. ¡Cuánto mejoraría la convivencia  si esta idea integradora se instalara con fuerza  en  la  vida  social! Estas fiestas navideñas son un buen momento para  empezar a ejercer el contrapuntoa  la  sociedad fragmentada e individualista que nos ahoga.

FELIZ NAVIDAD  Y

SOLIDARIO  2015

 

 

Vuestros Sacerdotes

 

Pedro y Ángel-Daniel

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