Queridos amigos:
La Navidad es para todas las criaturas, sí, porque su mensaje alcanza a todas las generaciones y a cada uno de nosotros, pues el cántico que los ángeles entonan es gloria a Dios y paz para los hombres a los que Dios tanto ama. El Creador no se desdice, Él quiere a todo ser que existe; si hubiera algo a lo que no quisiera, ese algo no existiría. Tú también existes por amor.

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La Navidad la acogen los que viven a la intemperie, los que, como los pastores, tienen sólo el cielo como techo, como referencia de cobijo y de esperanza; la acogen quienes no permanecen consolados con la seguridad que dan las cosas, aquellos que limpios de corazón, llegan a creer en el mensaje trascendente y son capaces de arriesgarse en la vida ante el anuncio inesperado de la llegada del Salvador.

La Navidad, la experiencia de pobreza es necesaria para creer. Los satisfechos de sí mismos, los seguros, permanecen pertrechados en sus castillos y dominios que creen invulnerables, pero sin la alegría de la Navidad. Los afanados en la ciudad terrena no se enteraron del feliz acontecimiento que hizo saltar de gozo a los pastores que estaban al raso en el campo.

La Navidad la reciben quienes están en el templo del Señor, quienes, como los ancianos del Evangelio, pasan sus días en alabanza, como ofrenda religiosa de sus vidas, y oblación de su existencia, como testimonio de Dios que es más y merece la entrega total de sí mismo.

La Navidad la celebran quienes buscan, quienes, atentos, andan preguntándose por los signos anunciadores de la novedad del Señor, quienes son capaces de dejar sus atrincheramientos y su tierra, sus seguridades e instalación por seguir la luz íntima, la que como voz en las entrañas insinúa el camino de la voluntad divina. Tengo el privilegio, como sacerdote, de conocer el corazón de muchas personas, que al abrir sus conciencias me afianzan en la convicción de que seguir la llamada personal, la propia vocación, es la autentica sabiduría.

Seguro que si tú abres bien los ojos, encontraras testigos de la Navidad; personas que en medio de sus pruebas reconocen la presencia de Jesús en el despojo, como cuando los pastores lo vieron envuelto en pañales y recostado en un pesebre y los Magos y los ancianos. ¡Cómo fascinan las personas que se deciden a cambiar de rumbo por haberse encontrado con Jesucristo y quienes, a pesar de la prueba, bendicen a Dios! La Madre de Jesús siempre es mediadora de la autentica Navidad.

Querido amigo/a: ¡Que el Niño Dios te bendiga y te llene de ternura!

¡Feliz Navidad!

Ángel-Daniel

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