A todas las parejas de novios que se casan en la Iglesia en las Parroquias de Almagro:

Foto de Ángel-Daniel De Toro González.

Dios no deja de pensar en vosotros…

Queridos novios:
Dios nos mira a cada uno pensando personalmente en nosotros, nos mira con amor desde toda la eternidad. Este pensamiento de Dios es el que nos ha lanzado a la existencia y el que nos mantiene en ella. Es también el que hará que nos convirtamos, si no nos resistimos a su llamada, en el santo que cada uno podríamos ser.

No tengáis ningún miedo. Nada existe que no haya sido creado por Dios, por tanto que no sea querido por él –no una única vez, sino cada instante– y aún más, que no haya sido pensado por él, pues nada puede ser querido que no haya sido pensado primero. Si Dios dejara de querer o dejara de pensar a un ser, ese ser bascularía inmediatamente hacia la nada. Tener en cuenta, sin embargo, que se trata de una manera humana de hablar, porque en Dios pensar, querer y actuar constituyen un solo y único acto.

Que alguien piense en nosotros nos lo vuelve más presente que si tuviera una proximidad física. La proximidad puede ser solo corporal. Recuerdo en concreto a cierta esposa que, aunque vive junto a una persona, que es su marido, él no puede estar más lejos de ella que si habitara en las antípodas. Presencia y ausencia pertenecen en primer lugar al orden espiritual. Por eso orar juntos, hacerle presente entre vosotros, tenerle en cuenta antes de cada decisión.

Quiero pediros que vayáis hasta las últimas consecuencias de esta verdad que tan fácil es de comprender, pero tanto nos cuesta vivir. Dios piensa en vosotros desde toda la eternidad, piensa en vuestro amor -si es verdadero- desde siempre. Vuestra entrada en la existencia no fue más que la realización en el tiempo de este pensamiento eterno, que es pensamiento de amor. Dios, al crearnos a cada uno, acariciaba desde siempre ese pensamiento amoroso.

Encarnar ese pensamiento, es ser, en su expresión germinal; se te ha dado la vida y la gracia para que la trabajes en tu interior, para desarrollarla en plenitud. Efectivamente, Dios no puede pensar y querer más que un ser perfecto, totalmente realizado. El pensamiento divino que tú eres es, pues, el de un santo, un santo o santa único que no puede parecerse a ningún otro, pues nunca surgen en Dios dos pensamientos idénticos. El pensamiento divino sobre vuestro matrimonio no puede ser otro que el de un hombre, una mujer y un amor auténticos y verdaderos, con la capacidad de ser felices, con la capacidad de relacionarse tan armoniosamente que podáis coparticipar del don de llegar a ser cocreadores con Él.

A través de vuestra cooperación al trabajo que Dios realiza en ti, en mí, en vosotros… podremos convertirnos todos y cada uno en ese santo que, desde toda la eternidad, él ha disfrutado imaginándonos.

¿Lo vamos a frustrar? Se puede claro, somos libres, pero de eso depende nuestro ser o no ser felices.

¡¡Es tanto lo que nos jugamos aquí!!

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